Bronceado Bonito y Sin Riesgos

bronceado.jpgUna de nuestras prioridades en los meses de verano es lucir un bronceado bonito, natural y duradero, por lo que las sesiones de playa y piscina se convierten en parte de nuestra rutina diaria. Sin embargo, el sol también tiene efectos muy perjudiciales para la salud de nuestra piel, y es importante que seamos responsables y tengamos sentido común a la hora de broncearnos.
Lo primero que tenemos que hacer es fijarnos una meta asequible a nuestro tipo de piel, y no olvidarnos de que la tonalidad bronce es la más favorecedora en todas las personas. Para ello, es importante seguir unas pautas para conseguir un bronceado bonito, duradero y sobre todo saludable.

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¿Quieres aprender a sacar el máximo partido a la exposición solar sin sufrir sus consecuencias negativas?

Las horas centrales del día son las más peligrosas para tomar el sol, ya que los rayos solares inciden verticalmente sobre nuestra piel, por lo que la agresión es mayor.
Aprovecha esas horas para descansar y comer en casa o ir al chiringuito a refrescarte, ¡tu piel te lo agradecerá! Si has decidido pasar el día en la playa no olvides llevar la sombrilla, para refugiaros del sol durante esta franja horaria.
Además, lo ideal para conseguir un bronceado perfecto sin secar la piel demasiado y sin quemarse por el camino, es exponerse al sol durante sesiones cortas de tiempo.
Diez o quince minutos tumbada boca arriba y otros tantos boca abajo es el tiempo idóneo para absorber la cantidad óptima de vitamina D que tu cuerpo necesita. A continuación, siéntate un rato a la sombra y evita la exposición directa al sol. Tu piel ira acostumbrándose poco a poco al sol e irá cogiendo color de manera progresiva y sin quemarse.

Exfoliar e Hidratar

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La carrera para conseguir un bronceado bonito comienza semanas antes de la primera exposición solar, y es que, exfoliar la piel previamente te garantiza un bronceado más uniforme y duradero. Al eliminar las células muertas, se evitan los posibles desniveles entre las distintas zonas del cuerpo y el rostro, lo que hace que los rayos solares incidan con la misma intensidad en todas las áreas.
Antes de la exposición solar debemos exfoliarnos, cada noche al volver a casa tras pasar el día en la playa o piscina es muy importante hidratar la piel. El sol, la sal marina o el cloro son agentes que resecan la piel en exceso, por lo que aplicar un after sun o una buena crema hidratante (tanto facial como corporal) es un paso imprescindible si queremos mantener la belleza y salud de nuestra piel.
Además, una piel hidratada es una piel con un bronceado más duradero.

Protégete Siempre

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Uno de los mitos más extendidos de la exposición solar es el que asegura que utilizar una crema con un factor de protección elevado equivale a no ponerse morena. ¡Es totalmente falso!
Elegir un SPF (Factor de Protección Solar) acorde con tu tono de piel y sus necesidades no solo te ayudará a evitar las quemaduras sino que además te garantizará un bronceado mucho más bonito y natural.
Cada vez son más las firmas que incluyen protecciones altas y muy altas en sus lineales, por lo que tendrás una gran variedad de productos entre los que elegir. Además, muchos de ellos son muy ligeros y no dejan residuo blanco, así que ya no tienes excusas para no invertir en una protección de calidad.
Por otro lado, es importante optar siempre por una protección solar más elevada para la cara, ya que es mucho más sensible que el resto del cuerpo, y no olvidarse de volverte a aplicar la crema cada dos horas o cada vez que te bañes.

¡Al agua, patos!

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En los meses de verano el agua es tu gran aliada, tanto por dentro como por fuera. Además de asegurarte de beber la suficiente agua para mantenerte bien hidratada, darse un chapuzón cada cierto tiempo puede ser muy beneficioso para tu piel.
Cuando haga demasiado calor y notes cómo las altas temperaturas se hacen insoportables, métete en el agua y mójate al menos nuca, cara y escote, si es que no quieres mojarte entera. Con esto tu temperatura corporal descenderá y con ella la sensación de calor agobiante. ¡Y no te olvides de volver a aplicar tu crema solar al salir!
Además, una buena forma de evitar las quemaduras solares es usar el agua como recordatorio: cuando las gotas de tu cuerpo se evaporen completamente debido al calor, es el momento de descansar y refugiarse bajo la sombrilla durante un rato.

Cuidado con las Zonas Olvidadas

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Estamos hartas de escuchar la importancia de proteger rostro y cuerpo correctamente de los rayos solares, pero no debemos olvidarnos de ciertas zonas que a menudo dejamos sin protección por despiste o simplemente porque no las tenemos en cuenta.

  • Ojos: Son la parte más sensible de la cara y, aunque evidentemente no vamos a aplicarles crema, es importante protegerlos bien. Asegúrate de tener siempre a mano tus gafas de sol favoritas, ¡y que estén homologadas! No te la juegues en esto. También puedes llevar un sombrero y ponértelo un rato para que el sol no te impacte directamente en los ojos.
  • Labios: Son uno de las zonas que no solemos tener en cuenta, y también necesitan protección solar. Acostúmbrate a llevar un bálsamo labial con SPF encima cuando vas a la playa. No te costará nada volvertelo a aplicar.
  • Labio superior: La zona del bigote es una de las grandes olvidadas junto con las orejas o el área del nacimiento del pelo. Es muy importante que nos apliquemos siempre protector solar en esa zona (incluso para estar de terracitas), sobre todo si estamos tomando la píldora, ya que es un fármaco fotosensible y es muy común que aparezcan manchas solares.

Una Alimentación Sana

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Una alimentación correcta es un muy importante a la hora de conseguir un bronceado perfecto ya que, si incorporamos a nuestra dieta alimentos que favorecen la producción de melanina, nos broncearemos más fácilmente y de manera más progresiva.

  • Betacaronteno y zinc: El betacaroteno se encuentra en todas las frutas y verduras de color naranja (zanahorias, calabaza, naranja, melocotón, papaya, mango, albaricoque…), y su característica principal es su poder para favorecer la producción de melanina, además de su función antioxidante y de lucha frente a los radicales libres. El zinc, por su parte, protege contra las quemaduras solares.
  • Vitaminas C y E: La vitamina C, presente en las frutas cítricas y rojas o en verduras como el pimiento o el tomate, nos ayuda a luchar contra el envejecimiento prematuro de la piel, mientras que la vitamina E, que se encuentra en frutos secos como nueces, almendras o avellanas y en cereales y legumbres, es la principal encargada de reparar las lesiones de la dermis producidas por el sol.

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